En la provincia de Lugo, en Galicia, existen tantos lugares de ensueño como puedas imaginar.

Uno de los más admirados y retratados se encuentra en el municipio de Ribadeo, en la costa de Lugo.

La Playa de las Catedrales, Praia das Catedrais en gallego, es un monumento natural tan impresionante que no deja a nadie indiferente. Se trata de un conjunto de rocas, algunas de ellas de más de 30 metros de altura, que, gracias a la acción del mar, han ido tomando formas similares a los arcos y pórticos de las catedrales, de ahí su nombre.

La zona está perfectamente acondicionada y cuidada con todos los servicios necesarios para que disfrutemos del entorno: restaurante, baños públicos, un gran parking, zona de picnic y hasta un sendero peatonal de listones de madera que recorre gran parte de la zona, para que no te pierdas ni un ángulo de este precioso lugar.

No muy lejos de allí, el Faro de Isla Pancha es otro de los imprescindibles de la zona.

Construido hace más de un siglo con objeto de alumbrar a los barcos la entrada al puerto de Ribadeo, se sitúa en Isla Pancha, comunicado con Ribadeo por un puente enrejado.

El faro se muestra majestuoso y realmente bello rodeado por la costa acantilada que lo protege y la inmensidad del mar, haciendo que su visita sea más que obligada.

Además, rodeado por un denso prado verde, durante gran parte del año se transforma en un fascinante tapiz de flores.

Siguiendo por la costa de Lugo hacia la zona occidental, Covas, perteneciente al municipio de Vivero. Disfruta de unas playas de ensueño, de aguas tranquilas y arena blanca y fina. Un ejemplo es la playa de Seiramar en la ría de de Viveiro. Donde el mar Cantábrico se ha unido a la desembocadura del río Landro, lo que ha permitido la creación de este atractivo paraje natural.

No sólo es un lugar perfecto para el baño, sino que también lo es para el submarinismo, ya que forma parte de la ruta de la Guerra de la independencia que se produjo en el norte de España y todavía bajo sus aguas podemos descubrir algunos barcos hundidos de la época.

Si quieres más emociones, acércate a la Cueva de la Doncella, cuya entrada se divisa en un acantilado en la playa Abrela. Dice la leyenda que al anochecer una preciosa muchacha de dorados cabellos bajaba al mar para darse un baño el día de San Juan, repitiendo este ritual una vez al año.

cabellos bajaba al mar para darse un baño.

By | 2016-12-29T14:03:56+00:00 diciembre 29th, 2016|Rutas y escursiones|

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